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Nota escrita por David Benavente
      Comprar un bonsái puede resultar complicado si uno pretende sacar el máximo rendimiento a su inversión. Siempre surge la duda de si el árbol que nos están ofreciendo vale lo que nos están pidiendo.

      En el caso de los árboles para trabajar la cosa se complica aun más, pues entran en juego factores decisivos, como el tamaño del cepellón, el vigor del árbol y por supuesto las posibilidades que tiene ese árbol en concreto de convertirse en un buen bonsái.

      Voy a tratar de explicar que es, a mi criterio, lo que hay que exigir a un prebonsái (yamadori o no) y que es lo que se valora.


Ahí van unos consejos:
No pagues futuro a precio de presente
      Esto quiere decir que no tenemos que pagar por lo que el árbol puede llegar a ser, sino por lo que es en ese momento. Por poner un ejemplo, no se paga un diamante en bruto al mismo precio que uno tallado y engarzado en un anillo creado por un diseñador de renombre.

      Efectivamente, si el árbol tiene mucho potencial va a ser más caro que uno que tiene menos, es obvio, pero nunca hasta el punto de que nos lo cobren al precio que el árbol va a tener después de trasplantarlo a la maceta definitiva, modelarlo y cultivarlo durante cuatro años.

      EEs muy frecuente, estando ante un yamadori plantado en un cajón enorme, que el vendedor nos diga aquello de: "en el momento que lo trasplantes a maceta y lo modeles un poco va a ser la… (Muy bueno)" Y vale, estamos de acuerdo, pero ese primer trasplante a maceta de bonsái tiene mucho riesgo (especialmente en coníferas) y además nos imposibilita modelar el árbol hasta por lo menos un año, que es el tiempo mínimo que el pino (u otra conífera) puede necesitar para reponerse. Conclusión, ese tiempo que tenemos que invertir y ese riesgo a asumir, hay que valorarlo y no debemos ignorarlo a la hora de la compra.

     Pero claro, esta la otra cara de la moneda. No nos debe extrañar que nos estén pidiendo más dinero por un yamadori que ya está en una maceta de bonsái de dimensiones adecuadas, establecido desde hace, al menos, una estación de crecimiento y con abundantes ramas con las que trabajar.


Este pino tiene corteza fuera de lo común, es muy vieja y además llega a la mismísima punta de las ramas.


Detalle de la maravillosa corteza de este pino.


Corteza de pino de edad media - alta


Corteza de pino de edad media - baja


Corteza de olivo de máximo rango. El olivo portador de esta corteza es más que viejo.


Esta sabina por fin está en maceta de bonsái. Han sido necesarios más de cinco años de cultivo para verla así, en la maceta definitiva y con brotes suficientes para formar la estructura básica del árbol.


Este pino está en la primera arte del proceso. Hay que lograr pasarlo del cajón a la maceta definitiva.

      Si el vendedor asumió el riesgo e invirtió el tiempo por nosotros, para que disfrutemos de un material "listo para consumir", es lógico que ese "potensai" sea de un precio más elevado que otro que está totalmente en bruto.

No menosprecies el riesgo que supone comprar una planta débil o enferma
      Esta es otra de las típicas cosas que los aficionados no tienen en cuenta. Puede pasar que nos ofrezcan un árbol que nos gusta mucho y de verdad que nos encantaría trabajarlo para ver lo precioso que queda después de nuestro arranque de creatividad y virtuosismo en el alambrado, torsión de ramas, trasplantado y que se yo cuantas cosas más. Pero ¡vaya! está un poco amarillo o las yemas son minúsculas o la brotación de este año casi no se ve, en definitiva, que el árbol que ha captado nuestra atención está enfermo o está débil.

      Lo sensato sería no comprar pues, dependiendo de los casos, nos estamos jugando el 100% de la inversión.

      Mi experiencia me dice que un aficionado que ha puesto los ojos en un árbol no es capaz de resistirse a la tentación de modelarlo por muy débil que el árbol esté.

      En otras palabras, no te montes la fantasía de que vas a dejar el árbol en reposo hasta que tenga la salud de un toro y sólo entonces lo vas a modelar. Prácticamente nadie es capaz de soportar tan larga espera con la tentación viviendo en su propia casa. Además, ese tiempo de espera vale dinero y el riesgo que corres al adquirir una planta en malas condiciones también

      Insisto, no compres una planta en malas condiciones pero, si lo haces, que el precio sea tan bueno que justifique el riesgo.

Bienaventurados aquellos que encontraron un proveedor de confianza
      Por favor que nadie se ofenda. Lo que quiero decir con esto es que es bueno tener un proveedor habitual, que a lo largo de los años nos haya demostrado ser digno de nuestra confianza.

      Conozco un caso de alguien que vendió un tejo plantado en un macetón, que en su interior ocultaba una tremenda sorpresa, el tronco había sido cortado justo por encima de las raíces y por lo tanto era un árbol sin raíces.

      Por supuesto el árbol murió en casa del cliente pero, imaginad su sorpresa cuando lo sacó del macetón para averiguar que había pasado y vio que se trataba de un esqueje gigante cobrado a precio de ejemplar. Afortunadamente esto fue un caso aislado y no hace falta que advierta sobre ello

      Un buen proveedor es aquel que no sólo nos suministra árboles bien cultivados, sino que además conoce nuestro nivel técnico y artístico, conoce nuestras habilidades en el cultivo (o falta de ellas) y puede asesorarnos en la elección del material que más se adecua a nuestro perfil. Si además de eso necesitamos que nos ayude con el diseño y este es capaz de darnos ideas de buen nivel para el modelado del futuro bonsái, entonces estamos ante el proveedor ideal.

Un árbol no tiene que ser más caro por el hecho de ser recuperado (yamadori)
      A veces se recuperan cosas que no deberían de haber sido recuperadas por su falta de interés para bonsái, pero en cambio, se piden cantidades injustificadas sólo por el hecho de que sean yamadori.

      Por lo general los yamadori reúnen más cualidades que los que no lo son, pero claro, esto pasa cuando el recuperador es lo suficientemente sensato. La conclusión de esto es que la cantidad de dinero a pagar por un árbol es directamente proporcional a las buenas cualidades que el ejemplar reúna, independientemente de su origen.

¿Qué es lo que se valora en prebonsái?
Fase de cultivo
      Cuantos más años de cultivo bien dirigido pasan por un árbol, más mejoran sus características y más caro es el árbol.

Fase de educación del cepellón
      Este es uno de los puntos clave. No es lo mismo comprar un pino en un gran cajón, que comprarlo en una maceta de bonsái de las proporciones adecuadas para el árbol. Ese paso del cajón a la maceta definitiva supone, en muchos casos, largos años de cultivo y muchos riesgos asumidos por parte del cultivador. Eso también tiene un precio.

      Si vas a comprar un yamadori y ves que la base del tronco está justo al borde de la maceta o cajón que lo contiene, piensa que no es por capricho del recuperador, sino porque el árbol tiene todas las raíces a un lado y además es muy probable que exista una gran raíz que vaya desde el tronco hasta el lado opuesto del cajón. Pasar ese árbol a la maceta definitiva te llevará, posiblemente, un mínimo de dos trasplantes (4-5 años).

      Y seamos justos, si el yamadori que vas a comprar está en la maceta definitiva, quiere decir que al cultivador le costó 4-5 años (en la mayoría de los casos) ponerlo ahí y todo ese trabajo hay que pagarlo.

Las texturas de la corteza y la madera
      Los hay que parece que valoran los bonsáis al peso, fijándose únicamente en que el árbol sea gordo y grande.

      En cambio, los aficionados con buena formación son capaces de disfrutar con aspectos tal vez menos evidentes, pero que son uno de los ingredientes que hacen que un árbol tenga ese algo especial que lo diferencia de los demás.

      Cuando uno es capaz de apreciar las texturas que denotan edad en un árbol es señal inequívoca de que ha dado otro paso en su formación como bonsaista.

      El precio de un árbol puede dispararse sólo por el hecho de tener unas cortezas de mucha calidad (ver. BA 106 Pág. 30) o bien por que las maderas muertas que pudiera tener estén ajadas y con esa textura que sólo la madera centenaria puede tener. En las texturas se ve la edad y en Japón esta particularidad se tiene como uno de los grandes elementos diferenciadores.

Proporción y movimiento
Todos lo sabemos, un bonsái o prebonsái ha de tener unas proporciones armónicas y un movimiento interesante.

Una buena conicidad y un nebari bien formado también son muy valorados, aunque, a veces y dependiendo de la especie, se puede hacer la manga ancha si el árbol no tiene un nebari de libro y lo compensa con el carácter y naturalidad que algunos yamadori pueden llegar a tener.

Ramificación
Otro aspecto que tampoco se tiene en demasiada consideración cuando hay que tasar un árbol. La ramificación supone años de cultivo y ya sabemos que el tiempo es oro.

De todas formas no todos tienen claro qué ramificación es la que cuesta dinero y cual no. Lo que debemos pedir a un prebonsái en lo referente a este punto es:

Primero: que haya muchas ramas y gocen de buena salud.
Segundo: que las ramas estén muy subdivididas, es decir, que estén muy ramificadas. Un árbol con muchísimas ramas primarias puede parecer muy denso y por lo tanto ideal, pero no es así. Un bonsái lo hacemos con las ramas primarias justas, pero que estén muy ramificadas (ramificación secundaria, terciaria,...)
Tercero: este es el punto más importante. La vegetación debe comenzar lo más cerca posible de la base de las ramas y continuar hasta la punta. Sólo así nos será posible reducir el tamaño de la copa.
Por tanto un árbol con buena ramificación (de calidad) será más caro que uno que no tenga o que carezca totalmente de ella.

Especie
Algunas especies están de moda (oferta y demanda), otras son de enraizado difícil, otras son escasas y algunas importadas. Hay árboles que por su naturaleza tienen formas muy interesantes y otros cuyo patrón de crecimiento es el del antibonsái. Los hay de hoja pequeña y de hoja irreducible. Hay todo un mundo de especies y calidades y por tanto un mundo de precios.

Maceta
¿Quién no ha oído hablar de las macetas de Tokoname? Son las macetas a las que se les supone más calidad y las que, por consiguiente, tienen un precio más elevado, llegando en ocasiones a costar mucho más que al propio árbol al que contienen.

En el extremo opuesto están los envases reciclados y a medio camino entre ambas infinidad de posibilidades. Dependiendo de la maceta/contenedor donde haya ido a caer el árbol que quieres comprar el precio se habrá visto afectado en mayor o menor medida.

  Agradecemos por la nota a
David Benavente www.davidbenavente.com
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